La naturaleza del pensamiento

El pensar es, en otras palabras, el esfuerzo intencional para descubrir conexiones específicas entre algo que nosotros hacemos y las consecuencias que resultan, del modo que ambas cosas lleguen a ser continuas. Su aislamiento y, por consiguiente, su simultaneidad puramente arbitraria, son cancelados; una situación de desarrollo unificado ocupa su lugar. Se comprende ahora su ocurrencia, queda explicada; es razonable, como decimos, que la cosa ocurra como lo hace. El pensar es así equivalente a hacer explícito en nuestra experiencia el elemento inteligente. Hace posible actuar con un fin a la vista. Es la condición para que tengamos fines. Tan pronto como un niño pequeño comienza a esperar empieza a usar algo que está ocurriendo ahora como un signo de algo que va a seguir; está juzgando aun cuando sea de una manera muy simple. Pues toma una cosa como evidencia de otra y así reconoce una relación. Todo futuro desarrollo, por complicado que pueda ser, es sólo una extensión y un refinamiento de este simple acto de inferencia. Todo lo que el hombre más sabio puede hacer es observar de un modo más amplio y minucioso lo que está ocurriendo y seleccionar después más cuidadosamente de entre lo que nota justamente aquellos factores que apuntan a algo que va a ocurrir. Lo opuesto a la acción reflexiva es, una vez más, la rutina y la conducta caprichosa. La primera acepta lo acostumbrado como una plena medida de posibilidad y deja de tener en cuenta las conexiones de las cosas particulares hechas. La última hace del acto momentáneo una medida de valor e ignora las conexiones de nuestra acción personal con las energías del ambiente. Dice virtualmente: "Las cosas han de ser justamente como yo deseo que sean en este instante", así como la rutina dice al efecto: "Que las cosas continúen justamente como las he encontrado en el pasado". Ambas se niegan a reconocer la responsabilidad por las futuras consecuencias que se desprenden de la acción presente. La reflexión es la aceptación de tal responsabilidad. 

J. D.
Universidad de Columbia
Agosto de 1915



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