La naturaleza de la experiencia.
La naturaleza de la experiencia sólo puede comprenderse observando
que incluye un elemento activo y otro pasivo peculiarmente combinados. Por
el lado activo, la experiencia es ensayar un sentido que se manifiesta en el
término conexo "experimento". En el lado pasivo es sufrir o padecer. Cuando
experimentamos algo, actuamos sobre ello, hacemos algo con ello; después
sufrimos o padecemos las consecuencias. Hacemos algo a la cosa y después
ella nos hace algo a su vez: tal es la combinación peculiar. La conexión de
estas dos fases de la experiencia mide la fecundidad o valor de ella. La mera
actividad no constituye experiencia. Es dispersiva, centrífuga, dispersadora.
La experiencia como ensayo supone cambio, pero el cambio es una transición
sin sentido a menos que esté conscientemente conexionada con la ola
de retorno de las consecuencias que fluyen de ella. Cuando una actividad se
continúa en el sufrir las consecuencias, cuando el cambio introducido por la
acción se refleja en un cambio producido por nosotros, entonces el mero fluir
está cargado de sentido. Aprendemos algo. No constituye experiencia cuando
un niño acerca meramente sus dedos a una llama; es experiencia cuando
el movimiento está unido con el dolor que sufre como consecuencia. De aquí
que el aproximar los dedos a la llama signifique una quemadura. Ser quemado
constituye un mero cambio físico, como el quemar un trozo de madera, si
no se percibe como una consecuencia de alguna otra acción.
J. D.
Universidad de Columbia
Agosto de 1915
J. D.
Universidad de Columbia
Agosto de 1915

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